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---
layout: post
author: "Jerome Roos"
title: "En cada una de nosotras confiamos: acuñando alternativas al capitalismo"
license: http://endefensadelsl.org/ppl_deed_es.html
---

> Jerome Roos estudió Economía Política Internacionl en _Sciences Po
> Paris_ y el _London School of Economics_ y en la actualidad es un
> candidato a PhD en la _European University Institute_.  Es también el
> editor fundador de la _ROAR Magazine_.
> 
> Traducción colaborativa realizada con el [Hacklab de
> Barracas](http://wiki.hackcoop.com.ar) y [Rancho
> Electrónico](http://ranchoelectronico.org).

> Más allá de Dios y el Estado, es el dinero el que manda.  ¿Todavía
> podemos imaginar alternativas?  ¿Qué rol jugarán innovaciones
> recientes como Bitcoin en esta lucha?

No es necesario suscribir al postestructuralismo seudooscurantista de
Gilles Deleuze para reconocer que este filósofo francés ha realizado dos
observaciones extremadamente proféticas.  Primero, su hipótesis de
principios de los '90 en que la sociedad disciplinaria de Foucault, con
sus escuelas, prisiones y asilos psiquiátricos, había dejado de ser el
modo paradigmático de gobernabilidad bajo el neoliberalismo, para dar
lugar a un naciente "estado de control".  En segundo lugar, su
observación que en esta sociedad del control emergente, la forma-dinero
asume una centralidad renovada dentro de la reproducción de las
relaciones de poder capitalistas. "Más allá del Estado", dice Deleuze,
"es el dinero el que manda, el dinero el que comunica y lo que
necesitamos ahora no es una crítica del marxismo, sino una teoría
moderna del dinero tan buena como la de Marx que retome por donde él la
dejó."

Resulta interesante cómo Deleuze une estas dos observaciones mediante
las cadenas de la deuda, a las que consideraba la "condición universal"
del control capitalista.  En su ampliamente citado _Post Scriptum_ de
1992, escribió que "el hombre ya no es más el hombre confinado, sino el
hombre endeudado."  Recordé estas palabras tan proféticas cuando asistí
a la fascinante conferencia _MoneyLab_ en Amsterdam.  Organizado por el
_Institute of Network Cultures_, el evento reunió a superestrellas
intelectuales como Saskia Sassen y Franco 'Bifo' Berardi, con un grupo
diverso e internacional de académicas, artistas, activistas, hackers y
economistas heterodoxas, incluyendo a las otrora colaboradoras de ROAR
Max Haiven y Brett Scott.  El objetivo principal de esta innovadora
reunión interdisciplinaria fue explorar "experimentos con modelos de
ingresos, sistemas de pago y monedas en el escenario del declive de la
economía global."

Con paneles de discusión sobre "la monetización de todo", "desmantelando
las finanzas globales", "más allá de Bitcoin", "una crítica del
financiamiento colectivo", y "diseñando alternativas", las organizadoras
de la conferencia encontraron el tono adecuado: en un mundo dominado por
las finanzas, en un mundo completamente endeudado en el cual el dinero
ha asumido eficazmente la función de significante universal al cual
todos los aspectos sociales y naturales de la vida son rápidamente
subordinados, necesitamos urgentemente empezar a explorar alternativas
radicales a la forma-dinero capitalista; no porque las monedas
alternativas sean, de una forma u otra, una panacea; sino porque el
Estado y los bancos claramente no lo van a hacer por nosotras. A pesar
de los grandes avances tecnológicos realizados en años recientes, las
innovaciones de la derecha libertaria como Bitcoin no sirven. Así que
hay una urgente necesidad de analizar, discutir y descubrir nuevas
formas de asignar valor al trabajo, tiempo, naturaleza, comunidad y a
los frutos de nuestra labor colectiva.

Lo más importante sobre MoneyLab, además de fortalecer la emergente red
internacional de académicas, hackers y activistas que trabajan en una
crítica a las finanzas y al desarrollo de monedas alternativas, sistemas
de pago y modelos de ganancias, fue que simplemente aconteciera.  De
hecho, hace menos de cinco años, muy poca gente hablaba seriamente sobre
el dinero.  Hoy, pareciera haber un verdadero resurgimiento de interés,
al menos entre intelectuales y activistas, pero también cada vez más
entre la población en general, sobre la naturaleza y la importancia del
dinero y el rol crítico que las monedas alternativas y los sistemas
mutuales de crédito podrían jugar en la subversión del nexo
estado-finanzas para liberarnos del control capitalista.

En gran parte gracias a la crítica de _Occupy_ sobre las finanzas
globales, la influyente publicación _Deuda: Los primeros 5000 años_ de
David Graeber, un resurgimiento de re-lecturas no dogmáticas de Marx y
la incansable (aunque no muy revolucionaria) militancia de grupos como
_Positive Money_ y la _New Economics Foundation_ por una reforma hacia
las monedas heterodoxas, la cuestión del dinero finalmente parece haber
sido liberada de la sofocante escena de conspiranoicos antisemitas,
libertarios de derecha y anarcocapitalistas fanatizados con la moneda,
en la que había estado confinada.  Por fin, un proyecto internacional
está empezando a tomar forma para investigar y experimentar con
alternativas concretas, preparando el terreno para un mundo en el que
los medios de producción son comunes y tanto la forma como la creación
de dinero estén sujetas al control de nuevas comunidades de usuarios,
empoderadas por la democracia directa.

Mientras resulta imposible incluir en un solo artículo los muchos puntos
relevantes que fueron discutidos en la conferencia, quiero alumbrar los
que considero algunos de los puntos más importantes que presentaron las
participantes, junto con algunos pensamientos adicionales que me
inspiraron (me disculpo de antemano por dejar de lado las otras
incontables e interesantes observaciones).  En las próximas semanas y
meses tenemos la esperanza de revisitar la cuestión del dinero con más
detalle aquí en _ROAR_.  Como siempre, bienvenimos contribuciones sobre
el tema.

# El dinero es deuda

Uno de los puntos donde hubo consenso entre las participantes de
MoneyLab fue la adherencia a una teoría heterodoxa sobre la creación de
dinero que ha sido llamada "la teoría del dinero como crédito".
Propuesta a principios del siglo XX por el economista británico Alfred
Mitchell-Innes y popularizada recientemente por el antropólogo David
Graeber y _think tanks_ heterodoxos como _Positive Money_, la teoría del
dinero como crédito se basa en dos afirmaciones principales.  En primer
lugar, los orígenes históricos del dinero no descansan en su función
como medio de intercambio que facilita las ineficiencias del trueque
(como afirmaron Adam Smith y Karl Marx), sino en su función como unidad
de contabilidad para obligaciones sociales varias.  El dinero, en otras
palabras, se origina en la deuda, o tal vez más apropiadamente, en la
relación deudor-acreedor.  Por lo tanto el dinero no debe ser visto como
una _cosa_, un objeto o mercancía, sino como una _relación social_.  De
hecho, es una relación de poder entre desiguales, una que opone los
deudores a los acreedores de forma permanente.  En _The Making of the
Indebted Man_ (La creación del hombre endeudado), Maurizio Lazzarato
incluso afirma que la relación deudor-acreedor es la relación de clase
fundamental, siendo el capital el "acreedor universal".

# La banca privada crea dinero

La segunda afirmación que hacen las teoristas del dinero como crédito de
la que se hicieron eco las participantes de MoneyLab y que fue
recientemente confirmada por un _paper_ publicado por el Banco de
Inglaterra, es que cada vez que un banco realiza un préstamo está
creando dinero.  La pura simplicidad de esta afirmación invita a la
incredulidad.  ¿No es que los bancos privados no pueden crear dinero de
la nada? ¿No es el dinero creado por los bancos centrales en nombre del
Estado? La respuesta es sí: los bancos centrales crean dinero, pero el
que crean es crédito que extienden a los bancos privados o efectivo,
cuando el efectivo sólo constituye un pequeño porcentaje de la cantidad
total de dinero.  En EEUU e Inglaterra, el papel moneda y las monedas
constituyen apenas el 3% del agregado monetario y en la eurozona es casi
del 10%.  El resto es dinero-crédito "virtual" que existe como números
en una pantalla.  La mayor parte de este dinero existe gracias a un
truco contable muy básico en el que el banco simplemente crea crédito en
la cuenta de un cliente, creando el depósito en el mismo proceso.  Los
escépticos hegemónicos argumentan que este dinero es técnicamente creado
por los bancos centrales cuando extienden crédito a los bancos privados,
que luego "multiplican" sus depósitos para generar dinero adicional.  En
esta teoría keynesiana de creación de dinero, defendida vehementemente
por Paul Krugman, los bancos centrales todavía controlan la cantidad
total de moneda.  Sin embargo hay evidencias recientes que desafían este
punto de vista y el paper del Banco de Inglaterra (aunque no niega que
los bancos centrales juegan un papel importante) establece sin
ambigüedades que "la creación de dinero difiere en la práctica con
algunas concepciones; los bancos no actúan solo como intermediarios,
prestando los depósitos que hacen los ahorristas ni tampoco
'multiplican' el dinero del banco central para crear nuevos depósitos y
préstamos."  En realidad es al revés: los bancos privados toman la
iniciativa extendiendo crédito y sólo buscan obtener depósitos
adicionales luego del hecho.  Como dice el Banco de Inglaterra: "Cuando
un banco hace un préstamo, simultáneamente crea un depósito del mismo
valor en la cuenta bancaria del prestatario, por lo tanto crea nuevo
dinero."

# Las finanzas no son sólo sobre el dinero

El relato anterior ilustra claramente que las finanzas no se tratan sólo
del dinero, o al menos no sobre el dinero en tanto cosa.  Los bancos no
son simples intermediarios que cuentan ahorros e inversiones y
redistribuyen el capital eficientemente hacia la economía en búsqueda de
las ganancias más altas.  Mientras que las finanzas han habilitado la
monetización de todo, Saskia Sassen insistió correctamente en su charla
que "si reducimos las finanzas al dinero, nos estamos perdiendo los
aspectos claves de la trama."  Sassen define las finanzas como una
capacidad; no necesariamente una benigna.  La finanza es la capacidad de
vender algo que no tenés, o volviendo a lo que decíamos antes, la
capacidad de crear dinero y sin tenerlo colocarlo como crédito de un
préstamo.  Esto confiere a las finanzas un vasto poder estructural y un
potencial enormemente destructivo: sólo hay que pensar en el 44% de los
hogares griegos que viven bajo la línea de pobreza o los 9 millones de
familias estadounidenses y el medio millón de propietarias españolas que
han sido desalojadas de sus casas desde el comienzo de la crisis en
2008.  Como dice Sassen, las finanzas modernas con la deuda como su
instrumento, sus derivaciones e innovaciones, se tratan de
"enormes complejidades que producen simple brutalidad."

# Tenemos que empezar a hackear el dinero

De esto resulta claro que para liberarnos de la esclavitud por deuda,
democratizar verdaderamente la sociedad y crear espacios políticos y
fiscales para las alternativas radicalmente emancipatorias, el duopolio
público-privado que crea el dinero (lo que David Harvey refirió como el
nexo estado-finanzas) necesita ser desmantelado con urgencia.  La idea
de que esto puede realizarse sin tocar el capitalismo es una ilusión muy
peligrosa.  No existe tal cosa como una economía productiva "real"
aislada de la economía financiera "virtual".  El capitalismo
contemporáneo depende de las finanzas en cada uno de sus aspectos.
Tocar las finanzas es tocar el capitalismo; tocar el capitalismo es
tocar al Estado capitalista.  En el presente, claramente no tenemos las
herramientas ni la fuerza para desafiar fundamentalmente el nexo
estado-finanzas, ni hablar de destruirlo y reemplazarlo por otra cosa.
Pero algunas de las más privilegiadas entre nosotras tienen la
oportunidad de subvertir las finanzas globales de formas nuevas y
creativas.

Este fue el tema de la charla de Brett Scott sobre "hackear el futuro
del dinero" donde este activista sudafricano argumentaba que necesitamos
aplicar la ética hacker a la forma en que interactuamos con las
finanzas: comenzando por desensamblarla en pequeñas partes, estudiar su
funcionamiento interno y su relación con otras partes, para toquetear
sus componentes principales y explorar los resultados de tales
intervenciones.  ¿Qué pasaría, por ejemplo, si sacáramos el interés de
la ecuación?  ¿Qué pasaría si cambiamos hacia una banca con reserva
plena? ¿Qué pasaría si nuestra moneda incluyera una tasa de demurrage
(es decir un impuesto a su acaparamiento) que se redistribuya como renta
básica?  No hace falta decir que "hackear" las finanzas en estas
pequeñas formas no será suficiente para minar su poder estructural; pero
"abrir" el dinero y toquetear sus componentes principales será un primer
paso esencial para profundizar nuestra comprensión de su funcionamiento
interno y para encontrar formas de subvertir su potencial destructivo (e
incluso dominar sus capacidades creativas) con un objetivo
revolucionario.

# El dinero es clave para la autonomía

Aunque las monedas alternativas no sean una panacea, pueden jugar un rol
importante en la construcción de autonomía, tanto de las finanzas como
del estado.  Por supuesto que la autonomía completa no es posible
mientras el modo de producción hegemónico y la forma-dinero dominante se
mantengan puramente capitalistas.  Pero esto no debería evitar que
comencemos a quebrar la fachada de la dominación financiera al
desarrollar alternativas concretas en el aquí-y-ahora.  En este momento
están tomando lugar muchísimos experimentos para desarrollar
cooperativas obreras, clínicas de salud autónomas, economías solidarias,
etc.  Pero como David Harvey observaba correctamente, estos proyectos
son loables pero en última instancia serán de corta duración si
continuan dependiendo del capital y/o el Estado para su supervivencia
económica.

Una de las contradicciones fundamentales contra las que las formas de
producción autónomas y cooperativas tienden a chocarse es que usualmente
requieren alguna forma de inversión para comenzar. Mientras las
cooperativas obreras tengan que depender de bancos privados para
financiarse, estarán sujetas a las mismas exigencias estructurales que
las empresas ordinarias: deberán lograr un plusvalor (es decir, generar
ganancias) para poder pagar los préstamos con sus intereses y por lo
tanto se verán forzadas a reproducir el comportamiento de las formas
capitalistas en el mercado competitivo o enfrentar las consecuencias y
cerrar (por ejemplo la reciente bancarrota de algunas cooperativas
Mondragón en el País Vasco).  Aquí las monedas alternativas y el crédito
mutuo pueden jugar un rol importante en cortar la dependencia de las
cooperativas obreras del financiamiento privado y el ciclo de
acumulación capitalista en general.  Esto también les permitirá
recuperar el sentido de agencia colectiva y autonomía productiva.

# El dinero se basa en la confianza

Ya que el dinero es en última instancia una relación social enraizada en
un entendimiento común y un reconocimiento mutuo de nuestras
obligaciones hacia otros, una moneda exitosa depende fundamentalmente en
la confianza.  No es coincidencia que esta sea la raíz de la palabra
latina para crédito: _credere_, creer o confiar.  En este sentido, la
crisis crediticia del 2008 de la que seguimos sintiendo ramificaciones
hoy en día es una crisis de confianza: desconfianza sobre la capacidad
de los prestatarios para pagar los préstamos, desconfianza sobre el
valor real de las balanzas de las instituciones financieras,
desconfianza sobre la voluntad de los banqueros para mantener su parte
del trato, desconfianza sobre las intenciones del Estado con respecto a
las jubilaciones, servicios públicos, ahorros, etc.  Esta observación no
intenta "psicologizar" el capitalismo (ya que claramente la raíz de la
crisis es sistémica), sino exponer una paradoja fundamental que descansa
en el corazón de su forma financiera.  Después de todo, ¿no es la
definición misma de la cultura de Wall Street que no debemos confiar en
nadie? _Fidite nemini_ parece reinar como el dogma de la desconfianza en
el capitalismo competitivo. ¿No era Ayn Rand quien exaltaba las virtudes
del egoísmo y denunciaba las maldades del altruismo, precisamente porque
el hombre sólo debe confiar en sí mismo y nadie más?  En la sociedad
hiper individualista de la actualidad, nuestra confianza en la humanidad
y entre nosotras está siendo desplazada rápidamente por una confianza
infantil en los dos avatares de la gobernabilidad neoliberal: el
dinero-crédito y el Estado de seguridad.  Basta mirar un billete de
20USD o una moneda cualquiera para encontrar la inscripción "en Dios
confiamos".  ¿Pero cuál Dios?  Giorgio Agamben está completamente en lo
cierto cuando dijo hace poco "Dios no murió, fue transformado en
dinero".  ¿No es precisamente porque estamos tan desarraigados de
cualquier sentido de comunidad, tan profundamente sospechosas de la
gente y el mundo que nos rodean, que todavía tenemos la voluntad de
demostrar una devoción incuestionable a una entidad abstracta que no
terminamos de comprender, que en este caso es Mammon, la deidad de la
avaricia? El dinero, entonces, es tanto lo que nos une como lo que nos
divide.  Como dijo el joven Marx:

> Si el dinero es mi unión con la vida humana, lo que me une a la
> sociedad, lo que me conecta con la naturaleza y el hombre, ¿no es
> acaso el dinero la unión de todas las uniones? ¿No puede acaso
> disolverse y unir todos los lazos? ¿No es también, por lo tanto, el
> agente universal de la separación? Es la moneda la que realmente
> separa así como es el agente de la unión real, el poder químico de la
> sociedad.

Por supuesto, el corrimiento de la confianza y la fé hacia la
forma-dinero no es nada nuevo.  Cuando el dinero-crédito y la reserva
bancaria fraccional emergieron en la Florencia proto-capitalista del
siglo XV, desecando a la comunidad de creyentes que sostenían el poder
de la Iglesia, el fraile dominicano conservador Girolamo Savonarola
organizó una "fogata de las vanidades" para protestar la diabólica
ocupación del dinero sobre el amor de Dios.  Por la misma razón, Dante
reservó un lugar especial para el avaro en el cuarto anillo del
Infierno, mientras que el usurero sería forzado a caminar por tierra
hirviente bajo una lluvia de llamas por toda la eternidad.  Gracias al
capitalismo, la Iglesia perdió su monopolio sobre la "virtud" y el
dinero se convirtió rápidamente en el significante maestro del valor.
El corrimiento de la fé humana de Dios al dinero alcanzó su apoteosis
durante el desarrollo simbiótico de las finanzas modernas y el Estado
nación. Marx observó que la deuda soberana (y la confianza privada en la
voluntad del gobierno de pagar su deuda) jugó un papel central en ese
proceso.  "El crédito público", dijo, "se convierte en el credo del
capital.  Y con el surgimiento de la creación de deuda nacional, la
necesidad de fé en la deuda nacional toma el lugar de la blasfemia
contra el Espíritu Santo, que no puede ser perdonada."

# Las monedas alternativas tienen un problema de escala

La discusión de cierta manera más abstracta que nutre el siguiente
punto, que era otra observación importante hecha en una serie de
críticas sobre las criptomonedas, incluyendo a Franco 'Bifo' Berardi.
Uno de los retos principales que las monedas alternativas encaran es la
cuestión de escala --la cual, a su vez, tiene algunas implicaciones muy
importantes para la cuestión de la confianza. Por un lado, tenemos una
proliferación de monedas locales, algunas ya bastante enraizadas en sus
comunidades, donde personas comunes y corrientes buscan reapropiar y
reincorporar dinero con una matriz diferente de valores comunes para
facilitar la satisfacción de necesidades y deseos sociales importantes.
Estas monedas locales a veces remiten a una noción ciertamente romántica
de territorialidad que busca aterrizar relaciones humanas en un mundo
tangible de seres humanos reales, por tanto contraponiendo un sentido
tangible de socialización al ámbito virtual y abstracto de las permutas
de incumplimiento crediticio y los contratos derivativos complejos que
caracterizan las finanzas modernas. Una cosa que tienen en común es que
están basadas principalmente en la confianza.  Está claro, sin embargo,
que las monedas locales nunca van a poder retar --mucho menos
reemplazar-- al capital de financiamiento global como tal. A lo sumo,
las monedas locales van a convertirse en monedas complementarias
significativas que pueden ser agregadas a una mezcla de instrumentos
monetarios más amplia. Si vamos a idear algún tipo de alternativa al
capitalismo global, sin embargo, tendremos que empezar a pensar tanto en
una escala territorial mucho más amplia (es decir, global) o trascender
la territorialidad completamente, desarrollando monedas no-locales
(donde no-localidad refiere al concepto de la física cuántica donde dos
objetos, separados en el espacio y sin un intermediario, pueden sin
embargo mantener un contacto directo entre sí).  Lo último es el reino
de las criptomonedas como Bitcoin: una moneda digital de pares capaz de
poner a una granjera keniana en contacto directo con sus clientes y a
una estudiante norteamericana o una banquera de Wall Street en contacto
directo con su _dealer_, sin intermediación de un banco o Estado.  La
tecnología de pares detrás de Bitcoin es bastante revolucionaria en este
aspecto.  Lo que estamos presenciando es una prueba de concepto muy
excitante: ¡podemos crear dinero sin necesidad de bancos ni estados!

# La criptografía no nos liberará (por sí misma)

Pero, como Bifo enfatizó en su charla, el principio de automatización
que se esconde detrás de criptomonedas como Bitcoin esconde también un
gran riesgo: al rechazar explícitamente la necesidad de confianza en una
comunidad de usuarias y hacer de esto la característica fundamental de
su diseño tecnológico (una contadora pública y distribuida llamada
"blockchain"), Bitcoin amenaza con remover de la forma-dinero los
últimos residuos de lazos sociales, transformándose en el agente de
separación definitivo.  Precisamente porque es decentralizado y
no-local, Bitcoin es incapaz de operar sobre la base del principio de
confianza, tal como lo hacen las monedas locales. En cambio, es diseñado
en base al mismo principio randiano que anima la cultura bancaria:
_fidite nemeni_, ¡no confíes en nadie!  Ahora que hemos sido abandonadas
por Dios, las finanzas y el Estado, un ejército de ciberlibertarians
anónimos propone un nuevo ícono al que adorar: la criptografía.
Entonces nuestra fe se desplaza hacia el sofisticado código fuente que
se esconde detrás de las nuevas formas de dinero digital.

El dinero, entonces, se _automatiza_.  Una vez que es programada y
liberada, se supone que la moneda asume vida propia.  Por supuesto los
críticos pueden _bifurcar_ el código fuente y crear sus propias
alternativas, pero el principio es el mismo: la criptografía anónima
reemplaza a la confianza en tanto medida de nuestra socialización,
removiendo por tanto los últimos restos de humanidad de la ecuación.
Por lo tanto, Bitcoin no resuelve la crisis de confianza del
capitalismo; sólo la _radicaliza_ al insistir en que es imposible
confiar en nada ni nadie, sólo en el código.  Así instruía un miembro
del foro de Bitcoin a otros entusiastas:  "No confíen en los
intercambios, ni en las billeteras en línea, ni los antivirus, no
confíen en nadie conectado."  Mientras estaba completamente en lo
cierto, debería quedar claro que esta profundización de la paranoia
social no es otra cosa que la esquizofrenia capitalista en esteroides.
No hay absolutamente nada liberador en la automatización de la
desconfianza.  Una sociedad en la que las personas han cesado de confiar
entre sí es simplemente el perfeccionamiento de la distopía egoísta de
Ayn Rand.  Una manifestación pesadillezca de un punto de vista
hiperindividualista.

Como me indicaba luego de la conferencia mi amigo Rutger Kaput, filósofo
en la Universidad de Oxford, en tiempos de engaño universal, la simple
confianza entre nosotras se convierte en un acto revolucionario.
Seguramente el deseo romántico de las comunidades locales de antaño no
caerá inexorablemente hacia la dictadura financiera.  Pero un mundo sin
confianza no es un mundo en el que vale la pena vivir.  Como argumentaba
convincentemente Quinn DuPont, la criptografía puede tener un rol
importante en la lucha contra el control estatal.  Pero si empezamos a
fetichizarla, creyendo que de alguna forma puede reemplazar la confianza
como el pegamento de nuestros lazos sociales, solo terminaremos
profundizando nuestra alienación con respecto a otros seres humanos.
Porque, sin confianza ¿que sería de nuestro propósito común?  En este
caso, la contradicción fundamental que observaba Marx entre el dinero
como el lazo social definitivo y el agente universal de separación solo
podría amplificarse.  Bifo estaba en lo cierto cuando argumentaba que en
la automatización de la desconfianza a través de la criptografía, el
neoliberalismo finalmente encuentra su avatar, su manifestación
perfeccionada.

# Bitcoin no es una moneda revolucionaria

A esto, debemos puntualizar la observación --debidamente repetida en
Moneylab-- que, aparte de los problemas morales que conlleva su diseño
tecnológico amoral, hay una cuestión crucial en el diseño _monetario_ de
Bitcoin: es esencialmente conservador en su naturaleza. De hecho,
Satoshi Nakamoto, el fundador misterioso de Bitcoin, fue claramente
influenciado por teorías monetarias ortodoxas e ideas económicas
libertarias de derecha, además de y no en menor grado, las propuestas
del archi-neoliberal Friedrich Hayek, que llamaba a la
"denacionalización del dinero" ya en los '70. Pero lo más importante es
que Bitcoin está diseñado para funcionar como el oro: se crea
exógenamente, a través de un complejo proceso algorítmico llamado
"minado" para luego circular como mercancía.  Las nuevas monedas se
crean a una tasa predeterminada, con un límite definido a la cantidad
total de moneda.  Esto significa que la provisión de moneda no podrá
crecer a la par que la cantidad de usuarias y transacciones en la medida
en que estas se expandan --eventualmente produciendo deflación.  El
hecho de que los Bitcoin sean divisibles al infinito demuestra que
Nakamoto estaba bien al tanto de esto y codificó la deflación
deliberadamente. (La deflación es un decrecimiento en el nivel general
del precio de los bienes y servicios y fue la plaga del patrón oro que
destruyó millones de vidas durante la Gran Depresión.)

Pero mientras las trabajadoras sufren la deflación, que agrava el
desempleo y pone presión en los salarios, los ricos se benefician.
Después de todo, si tenés un montón de ahorros, el poder de compra de tu
dinero aumenta cada día que el nivel general de precios cae.  Esto
significa que la deflación incentiva el acaparamiento al recompensar la
acumulación de dinero.  En la deflación, los ricos se enriquecen aun más
_sin hacer nada_. En lugar de poner su dinero en circulación, como hace
una trabajadora cuando compra sus necesidades básicas o el capitalista
"productivo" cuando adquiere maquinaria, materia prima y fuerza de
trabajo, el acaparador mantendrá su oro o Bitcoins cuanto pueda.  Los
regímenes monetarios deflacionarios como Bitcoin o el patrón oro
alimentan la concentración de riquezas y poder.  No resulta sorprendente
entonces que Bitcoin ya tenga su propia élite ultra rica.  Para julio
del 2011, el 97% de las cuentas en Bitcoin contenían menos de 10 BTC,
mientras que solo 78 entidades acaparaban 10.000BTC cada una.  Stanislas
Jourdan hacía la pregunta correcta en respuesta a esta información:
¿Cómo es posible que una forma monetaria altamente concentrada y
deflacionaria ayude a los griegos?

# El financiamiento colectivo no es "el estado de bienestar anarquista"

Al escuchar a algunas de los participantes de MoneyLab, creo que hay
otro peligro del que tenemos que estar alertas que es el de la
romantización del financimiento colectivo (crowdfunding) como un modelo
de financiamiento revolucionario, que de alguna forma liberará a
artistas y otras creativas de la necesidad de becas, regalos y
préstamos.  Una participante, autodeclarada "consultora en
crowdfunding", no paró de hablar de "crowdfundear tus sueños", mientras
que otra hacía referencia a Kickstarter[^kickstarter] como el "estado de
bienestar anarquista".  El peligro es que terminamos idealizando las
necesidades y confundiéndolas con soluciones.  En la era de la
austeridad, donde las becas y los subsidios son recortados y el dinero
que todavía está disponible se concentra cada vez más en proyectos con
mayor valor de mercado y reconocimiento de nombre, el crowdfunding es la
única opción disponible para los proyectos creativos que no poseen un
obvio valor de cambio y por lo tanto son incapaces de competir por
subsidios o inversiones escasos.

[kickstarter]: Uno de los primeros sitios de financiamiento colectivo.
Casi todos descuentan una parte del dinero recolectado.

Otro riesgo es que al enfatizar solo los éxitos del financiamiento
colectivo, terminamos reproduciendo ciertos mecanismos ideológicos que
sostienen la definición hegemónica del éxito, en tanto virtud
emprendedorista que oscurece la explotación que interviene en el
proceso.  ¿Acaso la visión idealizada de "crowdfundear tus sueños" no es
una manera brillante de reinventar el Sueño Americano para la clase
creativa emergente?  Un rápido vistazo al sitio de IndieGoGo[^indiegogo]
revela la triste realidad detrás del financimiento colectivo: en la
página principal se nos presentan los proyectos exitosos, generando
expectativa entre las posibles participantes ("si ellas pudieron, yo
también").  Sin embargo, al navegar por las diferentes categorías
podemos encontrar otros tantos proyectos que nunca alcanzarán su
objetivo.  Mientras estos proyectos generen ganancias, están
efectivamente juntando dinero para la plataforma.  En el fondo, aquellas
que no poseen capacidad de marketing y acceso a redes ricas son
marginalizadas desde el vamos.  El "estado de bienestar anarquista"
entonces, no es tan igualitario y el plusvalor que genera termina en los
bolsillos de los dueños de la plataforma.

[indiegogo]: Otro sitio de financiamiento colectivo.

Además, resulta que la "multitud" del crowdfunding muchas veces ni
siquiera existe.  La vasta mayoría de las ganancias de Kickstarter no
proviene de los "grandes éxitos" (que meramente atraen atención hacia su
marca, en una forma de estrategia de marketing) sino de la gran cantidad
de proyectos más pequeños.  Estos proyectos pequeños dependen de
familiares y amigas para alcanzar sus objetivos.  Esto significa que el
así llamado "estado de bienestar anarquista" es de hecho el soporte
comunitario transformado en fuente de lucro de las plataformas de
crowdfunding.  La ayuda mutua de familiares y amigas termina
subsumiéndose al proceso de acumulación de capital.  El crowdfunding en
definitiva, explota una necesidad (la de las creativas por encontrar
nuevas formas de financiarse en la era de la austeridad) para capturar
una solución comunal (la ayuda mutua) y convertirla en una mercancía.
Donde el estado de bienestar tradicional retrocede, la comunidad avanza
y la empresa privada se las arregla para lucrar con nuestro altruismo.

# ¡Resulta crucial no fetichizar el dinero!

Las observaciones de más arriba parecen apuntar en la misma dirección:
mientras que las monedas alternativas a la forma-dinero capitalista
serán clave para la construcción de la autonomía del nexo
estado-finanzas y la recuperación del control sobre nuestras vidas,
existe un grave riesgo de que las soluciones que profesamos terminen
estando circunscriptas en la lógica del sistema monetario y financiero
presente y por lo tanto convertidas en otra forma de especulación,
apropiación y acumulación.  Resulta absolutamente crucial no fetichizar
las monedas alternativas y los modelos de ganancias.  Construir
autonomía y desafiar el nexo estado-finanzas requiere de una lucha
multidimensional cuyos objetivos sean todos los niveles de relaciones
sociales capitalistas.  Si fallamos en retomar los medios de producción,
llevar la democracia a los lugares de trabajo, organizarnos a nivel
nacional y global, desarrollar nuevos modelos de toma de decisión,
reconstruir confianza en nuestras comunidades y más allá, encontrar
formas de defendernos de la represión estatal, etc. las monedas
alternativas se convertirán en poco más que una impotente expresión de
un admirable pero inofensivo deseo por el cambio social.  Nuestra
proyecto político de largo plazo es romper el poder del capital y
democratizar radicalmente la sociedad desde abajo.  Si perdemos de vista
este horizonte más amplio en el que la búsqueda de alternativas
monetarias está en última instancia imbuida, estamos condenadas al
fracaso.

# El verdadero desafío es redefinir el valor

Mientras es posible que en los próximos años la cuestión del dinero
asuma una importancia central para el movimiento anticapitalista
emergente, debemos ser extremadamente cuidadosas de no caer en el
síndrome del mesías, que caracteriza a las "conversas" a la causa más
recientes.  Al descubrir que el dinero es creado por la banca privada y
que la deuda con interés alimenta continuamente la necesidad de
expansión económica que es el corazón del sistema capitalista, muchas
personas tienen un momento eureka --"¡Ya sé! ¡El dinero es la raíz del
mal!  ¡Creemos una moneda alternativa y cambiemos el mundo!"-- que las
ciega temporariamente de las otras contradicciones fundamentales del
sistema (tema que David Harvey toma en su próximo libro).  No puedo
enfatizar lo suficiente que el dinero es sólo uno de los elementos (uno
de los principales por cierto, pero sólo uno de ellos) dentro de un
proceso de valuación y un modo de producción y acumulación que es
extremadamente complejo y que no puede ser simplemente reducido a sus
partes constituyentes.  Un desafío crucial --que siempre medra detrás de
las formas superficiales del dinero-- es el que presentó Max Haiven en
MoneyLab y en su nuevo libro, _Crisis de imaginación, crisis de poder_:
necesitamos empezar a re-imaginar colectivamente y re-definir
materialmente no sólo lo que es el valor, sino también qué es lo que
valoramos.

Aquí llegamos finalmente al terreno de la política: ¿Cómo podemos llegar
a decisiones comunes sobre lo que ha de ser valorado?  ¿Valoramos lazos
personales o el anonimato? ¿Valoramos comunidad o individualidad? ¿Hay
una forma de unir estos opuestos aparentes o disolver sus
contradicciones inherentes, o estarán siempre en conflicto? ¿Qué es lo
que valoramos de nosotras mismas? ¿Qué valoramos de las demás? ¿Qué es
lo que valoramos en la naturaleza, en el trabajo, en el placer? ¿Y cómo
podemos imbuir estos valores --tanto morales como económicos-- en la
misma forma-dinero?  En última instancia, si estamos hablando de crear
una sociedad radicalmente diferente, la cuestión del valor tendrá que
estar de alguna manera disociada del dinero.  El valor de cambio es una
cosa; el valor de uso, como apuntaba Marx, es otra muy distinta (sin
mencionar la importancia cultural, estética y ecológica del valor de
no-uso).  ¿Será posible organizar una sociedad en base al valor de uso
(y no-uso), antes que en los valores de cambio? ¿Cómo será tal sociedad?
¿Cómo llegamos ahí?  ¿Seremos capaces de confiar en las buenas
intenciones de cada una y en nuestro sentido de propósito común mientras
disputamos y luchamos en relación a las posibles respuestas?  En este
momento, nadie lo sabe --pero al menos hemos comenzado a hacer las
preguntas correctas.  En un mundo altamente monetarizado en el que los
seres humanos han cesado de contar por cualquier cosa, esto tiene que
contar para algo.